Crónicas no tan absurdas
Quiero pensar que todos pasamos por un momento de nuestra vida en que nos detenemos a admirar la belleza del mundo, en que nuestros ojos se iluminan al pensar en un futuro prometedor, en que aún de cara a cara con la pena y el dolor podamos sonreir, en que somos inmunes a los comentarios desalentadores.
También quiero pensar que todos pasamos por esa étapa en que perdemos la fe en el mundo, en donde ya no nos importa que sucederá después, y sólo queremos entender los porques de una vida repleta de amarguras, donde tenemos que aprender a hacer malabares para soportar el peso de tanta incomprensión. Y lo quiero creer por que así dejaría de sentirme tan desilusionada.
Y es que han pasado tantas cosas. Y tú lo sabes, lo has visto, lo has vivido. Y tienes miedo. Yo tengo demasiado miedo; parece que la palabrita "miedo" es una constante en mis temas de conversación, pero también lo es en la vida de cualquier persona. La audacia no la venden en frascos. Pero basta con mirar en derredor para ver todo lo que ha sucedido: ves como aquellos a los que estimas se van lejos, muchos sin los más mínimos deseos de regresar; otros, sin esa posibilidad. Luego ves a aquellas personas que no has podido conocer, o tal vez que no has tratado lo suficiente, y luego te preguntas qué habría sucedido si las hubieras conocido. Pero de un modo u otro te das cuenta de que es demasiado tarde. Y sólo puedes observar.
Y luego ves lo que pasa en el mundo, y te preguntas qué carajos le pasa, porqué tiran cuerpos sin vida a un lado de escuelas, o porqué los que son justos tienen que pagar por los injustos, cómo es que hemos caído en ese estado de insensibilidad, como si asimilaramos todo lo sucio que sucede a nuestro alrededor con completa naturalidad. Y no tienes respuestas, pero el mundo te rodea y te sofoca, y sin entender como, quedas envuelto en su laberinto sin sentido, que sólo va a parar en perdición.
Miras alrededor. Ves a tus amigos, a las personas que estimas, y ves como ellos también fueron envueltos en contra de su voluntad en ese mismo intoxicador sistemas. ¿Sabías tú, hace algunos años, como sería tu vida en este momento? ¿has visto, en estos años, cómo la vida de los que te rodean ha cambiado? ¿Puedes por lo menos imaginarte que clase de devastadores retos te pondrá la vida, que cicatrices dejará en ti? ¿Qué será de aquellos a los que quieres?
Y ahora veras repetirse la historia. Has visto a aquellos que han pasado por ese camino, puedes ver a aquellos que en un futuro lo cruzarán. Eres un espectador, todos toman su lugar en la obra, y tu sigues sin saber cuál es el tuyo, es tu momento de vivir. Pero sabes que pasará lo mismo. La vida te hará madurar con toda clase de golpes, y despertaras un día, con la conciencia y el pesar en tu corazón por que habrás descubierto que la vida puede ser una dulce melodía o un grito desgarrador.
Pero hay otra cosa que me ha puesto a pensar. No sólo se trata de perder la fe en el mundo, por que hay otra cosa que se puede perder: la fe en uno mismo.
Tal vez de eso hable en otra ocasión, porque por ahora sólo sé que estoy cansada y que quisiera recibir una noticia que sea buena.

